¿Por qué caridad en vez de Justicia?

Cambiamos por un momento el matiz de nuestros asertos, para declarar con toda rotundidad y énfasis, que resulta altamente vergonzoso e indigno concebir y contemplar cómo el cristianismo eclesial en general, y sobre todo el católico, en vez de aplicar soluciones eficaces para los males sociales, se conforma con realizar componendas y acuerdos acomodaticios con los poderes fácticos y el dinero.

Es también altamente vergonzoso ver y admitir cómo todas las líneas eclesiales (salvo excepciones) se conforman con llamar meramente caridad al derecho natural de todos los seres humanos a no carecer de los medios necesarios para vivir.

Por tanto, es muy notorio y muy vergonzoso el hecho de que las iglesias (religiones) nunca se hayan atrevido a exigir de los estados, de las leyes y de la cultura, que esta inmunda lacra de carecer de los mínimos derechos humanos, sea definitivamente superada.

Las religiones e iglesias no deberían encargarse de esta función como un ejercicio de caridad, sino que deberían exigirla a los estados, que es a quien compete, y quien debe tratarlo no como un parche puntual sino como un deber continuado de justicia.

Han sido casi exclusivamente los movimientos y la ideología social desde el siglo XVIII en adelante, quienes se han dedicado a corregir estas verdaderas aberraciones socio-políticas y económicas, (lacras sociales como la pobreza y la delincuencia), que los estados regidos por la cultura occidental (cristianismo y capitalismo) se empeñan en no aceptar y mucho menos en reconocer, antes al contrario parece que las cultivan para que su permanencia sea un hito.

También debemos denunciar la ambivalente postura de los llamados partidos de izquierda, que tampoco han tenido una idea clara y justa del derecho de las personas a poder vivir dignamente según sus características personales.

No lo han sabido comprender y tener en cuenta, y de ahí sale el relativo desdén, desapego y poco carisma que esos partidos llamados de izquierdas ejercen en la sociedad actualmente.

Al llegar aquí, proclamamos con todo énfasis, nuestro alegato de que la mayor desgracia, la mayor calamidad, la mayor aberración y el mayor desvarío de la sociedad, es sin duda el hecho y postura de que toda ella (salvo excepciones) ha caído en lo más profundo de un pozo, al considerar como meta y motor de la vida y de la evolución y progreso, todo lo que se puede conseguir con el Dinero y por el poder, en vez de desarrollar los valores y capacidades intrínsecamente humanos.

Siguiendo la línea central del tema de la  rotura del 3º nudo gordiano, exponemos una vez más y queremos que sea la última, que el influjo cristiano eclesial tan ambivalente y descolorido sobre la portentosa y sobresaliente herencia de la cultura clásica, (de los mundos llamados arbitrariamente paganos), es la principal causas de que los pueblos de occidente y sobre todo los de las razas latinas, eslavas, celtas y sajonas, se vieran obligados a reaccionar de la forma que en realidad lo han hecho.

En efecto, ya desde los tiempos de la alta edad media, las gentes de los pueblos antedichos empezaron a sentirse verdaderamente desasosegadas y frustradas por el ambiente resultante de la Cultura reinante; por este motivo, empezó a brotar de lo más hondo y limpio de la conciencia de esos pueblos una decidida tendencia e impulso (movimiento) hacia lo menos denostado y lo menos deteriorado en la vida de las gentes, que es sin duda ese leve y ligero pero profundo impulso a la libertad, al conocimiento y a la verdad.

De ahí que ya en tiempos del renacimiento, como hemos dicho, los síntomas eran visibles y proclives hacia un acercamiento a la semi-olvidada cultura antigua (precristiana), y hacia una decidida tendencia a prescindir (a dejar y olvidar) la rutina vital tan mortecina y anestesiada como era la vida bajo el yugo feudal y eclesial.

Todo esto que venimos exponiendo en estos últimos párrafos, no hay duda de que será el germen y motor para la especial salida y enfoque de vida y conducta que lleve a una comprensión más correcta (verdadera) del quehacer humano.

Por razones de esta clase está sobreviniendo (ha tenido que sobrevenir) el progreso y adelanto que el ser humano está realizando, a través del pensar y del saber (toma de conciencia real).

Fuente: La Era de Acuario (Germán Martín)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Bela

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