La lucha de los pueblos como símbolo de progreso

Desde el siglo XVIII los pueblos europeos buscaban afanosamente cómo enfocar la vida de manera que el progreso y los avances sociales se fueran haciendo patentes, sin tener que pasar por la criba de las conveniencias reinantes.

En efecto, la necesidad de ser y sentirse libres empezó a ser tenida como la mejor forma de evolucionar, puesto que sin gran esfuerzo y solo con buena voluntad la gente conseguía vivir algo mejor; todo esto a pesar de la tremenda oposición de los gobiernos y las iglesias, que veían con gran temor y espanto cómo el pueblo abría los ojos y empezaba a hablar de derechos y deberes, y de la necesidad de sentirse ciudadanos, y no meros súbditos.

También en la 2ª mitad del siglo XX, a causa de la continuada lucha ciudadana y del  importante progreso de la ciencia y la tecnología, los adelantos sociales empezaron a verse cristalizados (cumplidos al menos en parte), lo cual iba suponiendo una notable mejora en la calidad de vida, sobre todo para las clases proletarias y menos privilegiadas.

Aquí solo queremos hacer patente que todo el progreso alcanzado hasta nuestros días, ha sido y procede de la continuada lucha de los pueblos hacia su evolución, frente a los gobiernos y las ideologías dogmáticas.

Últimamente, y a causa de un claro retroceso cíclico evolutivo, es notorio y se ve nítidamente, que los poderes fácticos se aferran cínicamente al capitalismo neoliberal y a las ideologías dogmáticas reinantes, para su permanencia y dominio, porque también es muy patente el miedo atávico que tienen a la libertad y a la democracia.

Debido precisamente a la fuerza que confiere la ingeniería financiera al capitalismo rancio de siempre, le es mucho más fácil a los poderes fácticos y a los gobiernos conservadores, ir consiguiendo que los pueblos tengan que admitir, forzados por la necesidad y el dinero, la vuelta a niveles de vida ya superados hace más de un siglo.

Para ello no sienten ningún escrúpulo en echar mano de toda clase de subterfugios, no para convencer, sino para obligar a las gentes a que acepten como única alternativa lo que ellos proponen, con el fin de evitar (según ellos) un posible futuro desastre y caos en su vida particular y en la sociedad.

Es por lo que en estos días los movimientos populares se están viendo obligados a salir a la calle, (a la palestra), empujados por la necesidad; así se están formando unos movimientos populares, (no populistas como miente la derecha), para luchar con uñas y dientes a fin de revertir el sistema, de forma que no se destruya y evapore el estado social presente y la calidad de vida alcanzada con tanto dolor y esfuerzo por nuestros antecesores.

Por otra parte esta lucha, obligada por las circunstancias, es ya de todo punto imprescindible y necesaria para que el capitalismo neoliberal y sus ideologías dogmáticas no consigan, una vez más, imponer de forma legal su curso de descarada y degradante injusticia.

Esto significaría la pérdida del nivel y de la calidad de vida actual de la gente, que a la vez implicaría un indignante retroceso a niveles de vida semi-feudales, o al menos a la que se llevaba en el Siglo XIX.

Al llegar aquí debemos declarar que, a pesar de las luchas y esfuerzos de nuestros antepasados desde el siglo XVIII para alcanzar estos niveles de vida que ahora tenemos, es preciso reconocer que no fueron enfocadas ni implantadas con toda la corrección y sentido que deberían haber tenido.

La prueba de esto es que los sistemas conservadores de siempre han podido encontrar resquicios sociales y culturales, para revertir de nuevo las posiciones y privilegios perdidos.

Esto tendrán que tenerlo muy en cuenta los movimientos populares actuales, para que con todo rigor y cuidado, traten de ver cuáles han sido los fallos y limitaciones de las instituciones sociales que nuestros mayores trataron de infundir a la gente, para evitar que en el futuro el capitalismo y las ideologías dogmáticas de siempre puedan levantar cabeza y revertir posturas y situaciones ya establecidas.

 

Fuente: La Era de Acuario (Germán Martín)

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Bela

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One Comment on "La lucha de los pueblos como símbolo de progreso"

    Clara e ineludible es la tarea de todas las fuerzas progresistas actuales de analizar cuidadosamente los fallos de los movimientos sociales anteriores para no repetirlos de nuevo y no dar ocasiòn al neoliberalismo de encontrar nuevos resquicios para revertir los logros sociales.

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